sábado, 28 de febrero de 2015

Tú matas a uno de los míos, yo mato a uno de los tuyos

Por Orbis Beltré - ATEODOM / Asociación de Ateos Dominicanos

Tú me insultas, yo te insulto; tú quemas mi bandera, yo quemo tu bandera; tú matas a uno de los míos, yo mato a uno de los tuyos... es la actitud que por años han asumido, dos partes que igualmente ocupan el lugar de víctimas en dos países que comparten la misma isla.

El antihaitianismo y el antidominicanismo son un lastre paleolítico que se impone por encima de la sensatez corrompiendo el sentido común, y hoy más que en el pasado que se cuenta desde la Independencia efímera al 27 de Febrero de 1844, y de esta magna fecha a la Batalla de Sabana Larga, del 24 de enero de 1856, se pavonea con orgullo, enarbolando el atropello como si fuera un acto heroico.

Estos hermanos que por tanto tiempo a ambos lados de la frontera han venido azuzando la barbarización de la conducta humana, no pueden ser explicados sino, a partir de dos Estados que han sido suplantados por un modelo del crimen organizado, que se ejerce desde la clase intelectual, desde la clase empresarial, y desde el liderato político, tanto de República Dominicana como de Haití.

Dominicanos y haitianos, nuestra condición de oprimidos no debe volvernos contra otros tan oprimidos como nosotros.

El enemigo del pueblo dominicano no es el pueblo haitiano, y así tampoco, el enemigo del pueblo haitiano no es el pueblo dominicano. Los enemigos nuestros son estos gobiernos que se han empeñado en convertirnos en desgraciados a través de unos Estados estructurados para el consentimiento de la inequidad. Pero al parecer no nos hemos dado cuenta de esto, y puede que estemos comportándonos como dos pueblos de lerdos.

Solo siendo dos pueblos de lerdos podría tener algún sentido el ultraje contra los símbolos patrios de un país y del otro.

Solo si somos dos pueblos de lerdos podría tener sentido la incitación a la violencia en nombre de un patriotismo o concepto geográfico, que nadie tiene derecho a invocar para enemistarnos, ni para que la frontera que nos delinea como sociedades distintas, sea el odio.

Es urgente que debemos saber, dominicanos empobrecidos y haitianos empobrecidos , que entre los Gobiernos de República Dominicana y de Haití no hay animadversión, sino que ellos, como figuras de poder, son aliados en el robo hasta de nuestros sueños. Y por eso es que ustedes, haitianos, se ven en la imperiosa necesidad de cruzar como sea a nuestro país; y por eso es que ustedes, dominicanos, se juegan la vida echándose al canal de la Mona para llegar a Puerto Rico en busca de la dignidad que no pueden alcanzar en su patria.

Es urgente que debemos saber, haitianos empobrecidos y dominicanos empobrecidos, que entre las élites de Haití y de República Dominicana no hay desacuerdo en delinquir contra ustedes y contra nosotros; que día a día conspiran contra el bienestar de la isla, y que la forma como lavan su crimen, es lanzándonos encima un fardo cargado de tanta ignorancia, que incluso la mirada culposa que deberíamos dirigir hacia ellos, nos la intercambiamos nosotros, queriéndonos matar mutuamente.

No nos matemos, dominicanos y haitianos sin visas ni cuentas bancarias en cada paraíso fiscal del mundo.

Dominicanos y haitianos empobrecidos, si alguien hay que merezca la muerte, no está entre nosotros, no está entre nuestra realidad de seres humanos colmados de males tan evidentes como el hambre, la falta de salud, la falta de educación, la falta de seguridad social, la falta de protección ciudadana y la falta de justicia.
¡No nos matemos entre nosotros, por favor!


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