domingo, 16 de junio de 2019

Si un libro que manda a matar niños conserva algún valor puede deberse a la falta de papel higiénico

Orbis Beltré
Por Orbis Beltré

Del Nuevo Testamento de la Biblia: “Esclavos, estad sujetos a lo que dice vuestro amo, con todo respeto, no solo con los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables”. Primera de Pedro 2:18.

"Esclavos, obedezcan en todo a sus amos. Háganlo con respeto y temor, como si fuera Cristo". Efesios 6:5.

Me da asco cuando escucho cómo con gran orgullo nuestra sociedad es presumida como cristiana.

Me da pena cuando escucho que no puede haber justicia en quien no crea en un dios, en nuestro caso, en el dios judeocristiano.

Y más que sentir asco y darme pena, me desconcierta saber que personas con formación académica e incluso buenos seres humanos, se empeñan en hacer entender que sus virtudes son vinculantes o mejor dicho, explicables, por sus convicciones cristianas.

Si la Biblia es la palabra de un dios, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos ese dios queda reducido a un catarro. Diría, y a lo mejor quedo corto, que si un libro que manda a matar niños conserva algún valor puede deberse a la falta de papel higiénico.

Algunos enarbolarán el "amarás a tu prójimo como a ti mismo" como el mandato clave para la convivencia en paz. Pero resulta que en ese mismo libro "moral" se puede leer  el mandato "no codiciarás al esclavo ni a la esclava de tu prójimo".

Queda entendido pues, que el prójimo no es el esclavo, no es ese ser humano que desde el Antiguo Testamento hasta en Nuevo Testamento por orden "divina" se da en derecho a otro ser humano para que lo degrade a tal extremo, que sea capaz de ver a su esclavista como su dicha.

Eso es el cristianismo, una perversidad por dondequiera que se lo toque; eso es cualesquiera de las tres religiones revelacionistas: judaismo, cristianismo e islamismo.

Por estos motivos debe imponerse la Biblia como valor jurídico por encima de la Constitución de la República

Orbis Beltré
Por Orbis Beltré

La Biblia es tan provechosa moralmente, que deberíamos preguntarnos por qué incluso no la adoptamos como valor jurídico por encima de la Constitución.

Si adoptásemos la Biblia como valor jurídico por encima de la Constitución tendríamos un Estado como el vaticano, caracterizado por sostener una sociedad honesta, pacífica, respetuosa de los derechos humanos y esculpida sobre los criterios más refinados de justicia (así por fin sería imposible que hubiera maricones y violadores de niños).

¿En qué lugar de este mundo se lee más la Biblia, que en la Iglesia? La Iglesia por eso, sin importar si se trata de católica o protestante, nunca se ha visto envuelta en ninguna acción reñida con la moral.

Aquí en República Dominicana, como no hay una iglesia en cada esquina, como no nos meten la Biblia por ojo, boca y nariz, desde la radio, desde la televisión, en el metro, en la guagua voladora, en el carro de concho, desde el Facebook, desde los grupos de Whatsapp, en los parques y las plazas públicas, necesitamos que se imponga en la escuela, la lectura de ese gran libro.

Es inaceptable que se quiera desconocer que nuestra sociedad es una nación cristiana.
Deberíamos proponer que la Biblia se estampe en el escudo nacional, y que la palabra “Dios” también sea parte de nuestros símbolos patrios, aunque los símbolos patrios no sean una propiedad exclusiva de los cristianorreligiosos. Deberíamos proponer que la Ley No. 66-97 sobre Educación diga en su Artículo 4 Literal E, que “todo el sistema educativo dominicano se fundamenta en el cristianismo”; con eso resolveríamos las carencias que tenemos en la materia.

También deberíamos proponer que el Gobierno exonere todos los impuestos a las iglesias y que les regale tierras, edificios…

Otra cosa que deberíamos rogar es que el Presidente de la República al asumir su cargo jure por dios cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Así ahora no tuviéramos este lío de reformar la Carta Magna para la reelección. Además, si nuestros presidentes jurasen por dios al asumir el cargo, serían muy serios y coherentes en el desempeño de sus funciones y jamás podrían comerse un tiburón podrido.

Casi ¡me se! olvida: si tuviésemos una ley que obligara a nuestros diputados y senadores a invocar un pasaje bíblico antes de sesionar, nos hubiéramos librado de los contratos firmados sin ser leídos y de los contratos para obras sobrevaluadas como las de ODEBRECHT.

En los tribunales de la República deberíamos tener al cristo en cada estrado. Así nuestros jueces serían probos… ni hablar, no existiría la tremenda mora judicial que se muestra como invencible en ese poder del Estado.

También deberíamos asignarles santos, arcángeles y vírgenes protectoras a instituciones como el Ejército, Fuerza Aérea y la Armada. Así tendríamos un país libre del tráfico internacional de drogas prohibidas; así no tendríamos la trata de personas por la frontera con Haití; así no tendríamos los viajes ilegales en yola a Puerto Rico; así el espacio aéreo dominicano no podría ser vulnerado por el crimen transnacional.

Por cierto, si la Policía Nacional tuviera un santo patrón, los policías ganarían un sueldo justo por su trabajo tan importante y riesgoso y no habría en dicha institución actos de corrupción de ninguna naturaleza. 

Si la Policía Nacional tuviera su san Judas Tadeo, por ejemplo, y si al mismo tiempo cada provincia y municipio del territorio nacional tuviera su respectiva divinidad protectora, el país sería modelo de seguridad ciudadana y prosperidad, y no un arrabal como Higüey, por solo citar un caso.

O sea, concluyendo, si tuviéramos la Biblia, a su dios, los rezos y oraciones hasta en la sopa, República Dominicana no fuera el atolladero que es hoy.