lunes, 10 de febrero de 2014

No somos traicioneros, solo exigimos que el Estado sea sincero y que obre con justicia

Orbis Beltré
Por Orbis Beltré – Relacionista público de ATEODOM / Asociación de Ateos Dominicanos.

Si quienes están de acuerdo con  la sentencia TC 168/13 fueran patrióticos, además estarían al mismo tiempo recriminando al Ejercito Nacional dominicano, que tiene plantado desde hace medio siglo un lucrativo negocio con el tráfico de haitianos en la frontera.

Estarían recriminando al mismo tiempo, a los Vicini, que llevan décadas motorizando su industria azucarera contratando mano de obra ilegal haitiana ante la desidia de todos los gobiernos que hemos tenido.

Estarían además, recriminando a los empresarios del sector construcción, que han prescindido de la mano de obra dominicana, porque a los haitianos les pagan un día de trabajo por la mitad del precio del que tendrían que pagarle a un obrero dominicano.

Estarían además, recriminando a los grandes terratenientes y empresarios del sector agrícola, que con la complicidad de las autoridades trafican con cientos y miles de haitianos para "arrancharlos" en sus propiedades por una mínima paga.

Deberían esos patriotas primero, recriminar el que nuestras oficialías civiles hayan estado siempre dirigidas por buscones y funcionarios públicos que venden actas de nacimiento.

Deberían recriminar primero, el que nuestra Junta Central Electoral venda cédulas a cualquiera que las necesite. Si primero hicieran eso, sí se les podría ver como entregados patriotas, porque estarían obrando con sinceridad, con justicia.

Si los patriotas en verdad están interesados en que pare esta hemorragia que les significa la presencia ilegal y masiva de haitianos en nuestro territorio, pues deben primero empezar a ver la situación desde una perspectiva social, histórica y económica, y no simplemente batiéndose el pecho y haciendo alardes de patriotas.

En el argot campesino dominicano, se dice muy seguido esto: la culebra se mata por la cabeza, no por la cola.

El desorden migratorio de los últimos 50 años ha sido motivado por la irresponsabilidad del Estado dominicano, que ni siquiera tuvo, hasta el año 2010, una Constitución coherente y sin lugar a interpretaciones respecto a quién era o no dominicano.

Es verdad que como país independiente y soberano tenemos el derecho y el deber de decidir cómo se logra la nacionalidad dominicana, ¿pero cómo se le dice ahora, a los hijos de haitianos ilegales que nacieron en nuestro país hace 50 años, y que el Estado les dio actas de nacimiento y cédulas, que incluso han votado siempre, que estudiaron y se graduaron en nuestras universidades, que solo conocen nuestra lengua, nuestra música, nuestra cultura… que no son dominicanos, sino haitianos?

Los dominicanos que reprobamos la sentencia TC 168/13 no somos traicioneros, simplemente exigimos que el Estado dominicano sea sincero y que obre con justicia. Porque si el Estado no se sinceriza ni decide abrazarse a la justicia, no es verdad que una sentencia, que una ley, que una Constitución, serán el remedio para cualquier mal social que nos acose.

¿Cómo pretende la Constitución, una ley o una sentencia, que un guardia dominicano apostado en la frontera con un sueldo mensual de 6 mil pesos, no se deje sobornar por un haitiano que por cruzar para nuestro lado le ofrece 3 mil pesos, o 6 mil o 10 mil?


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