martes, 24 de diciembre de 2013

Muy cuestionable el conocimiento histórico del Jesús bíblico

Orbis Beltré
Por Orbis Beltré / Relacionista público de la Asociación de Ateos Dominicanos (ATEODOM).
Nos gustaría mucho que la gente leyera más la Biblia, que la estudiara más, que la analizara y que entonces fuera a partir de ahí que cada persona empezara a creer o a no creer en toda esa literatura. 
Por nuestra parte, no debemos  considerar la Biblia como el libro que explica el origen y la historia de la humanidad, y ni siquiera como un libro que cuenta la historia de un pueblo en particular. 
La Biblia no es una bibliografía, ni geológica, ni antropológica, ni históricamente confiable, por la razón que la mayoría de los acontecimientos que narra, o al menos los más importantes, no son demostrables. 
En cuanto a tal, todas las veces que la Biblia sea sometida al criterio de las ciencias sociales, será confirmada como un libro de fábulas, y muchas incluso, plagiadas.

Y si es que usted cree que el libro de Génesis del Antiguo Testamento guarda la palabra del Dios de Israel, le aseguramos que no es lo que seguirá creyendo si se decidiera a estudiar la civilización sumeria, que es arqueológicamente, la más antigua de la que se tenga registro.

En cuanto a que la biblia habla de cosas que actualmente están pasando, aclaramos que eso no tiene nada de novedad. Para cuando tales cosas se escribieron en sentido “profético”, hacía mucho tiempo que ya estaban pasando en este mundo.
 

Digno de observarse es esto: cuando los discípulos le preguntaron al Jesús bíblico que cuáles serían las señales del fin de los tiempos y de su regreso, ese Jesús contestó: “Habrá guerras y rumores de guerras, se levantará nación contra nación, y reino contra reino; habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambrunas y alborotos”.

El caso es que, si estudiamos las civilizaciones precristianas, inmediatamente tenemos que concluir convirtiendo en verdad resolutada, una de estas dos hipótesis: o Jesús no dijo eso, o Jesús era un gran ignorante y desconocedor de la historia de la humanidad.

Y es que al estudiar las civilizaciones precristianas, nos damos cuenta de que cada una incluía en su configuración, un ejército de guerreros entrenados no solo para la defensa de su territorio, sino que también para hacer la guerra más allá de sus fronteras. Y pueden dudarlo, pero aquellas guerras eran más cruentas e inmorales que las guerras actuales. Si alguien tuviera que elegir morir por una de dos formas únicas, estamos seguros de que preferiría morir atravesado por la bala de una M16, antes que atravesado por una espada de piedra o de madera.

En aquel mundo que precedió al cristianismo, nunca dejó de haber guerras y rumores de guerras. Y se levantó nación contra nación, y reino contra reino... en aquel mundo de cientos y de miles de años antes del Jesús bíblico, hubo terremotos, hambrunas y alborotos y enfermedades. Y siempre hubo terrorismo, crímenes y asesinatos, traición, usura y conspiraciones de toda índole.
 

En aquel mundo precristiano, hubo también choques de meteoritos contra la tierra; hubo tornados, ciclones y maremotos; hubo inundaciones, sequías y estremecedoras erupciones volcánicas que con su lava ardiente arrasaron toda forma de vida a su paso.

Antes de que se escribiera la Biblia, y antes del cristianismo, amigas y amigos, tanto el ser humano como la naturaleza, ya habían hecho sus respectivos aportes en nuestro planeta, para un largometraje de vicisitudes y de miserias, que muchas veces conllevaron a la extinción sistemática de pueblos y de civilizaciones enteras.

De manera que, con lo que se lee en Marcos 13:7-8 del Nuevo Testamento de la Biblia judeocristiana, quedan al descubierto, puntualizamos, o un Jesús practicante de una ignorancia vergonzosa, o unos muy toscos creadores de ese Jesús.
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