martes, 27 de enero de 2015

Duarte: lo que callan el Cardenal y su iglesia

Guido Riggio Pou
(La Masonería y la Iglesia XI )

Por Guido Riggio Pou

El tema de la fiera lucha ideológica que se entabló entre las dos corrientes del pensamiento político y social de la época independentista americana ha sido relegado a un segundo plano en la historia dominicana ¿La razón? Al tocar el tema se revelaría la traición de la Iglesia al Duarte liberal, el encontronazo de dos ideologías antagónicas: una que buscaba esclavizar y otra liberar al ser humano.

Sin embargo, a pesar su persecución a Duarte, vemos cómo la Iglesia se afana en capitalizar el bicentenario de su nacimiento en vez de confesarse y pedir perdón por su traición patria.

Hasta el 13 de junio de 1924 nuestro Estado era confesional católico, y como tal y hasta hoy, se permitió que la Iglesia Romana clavara sus garras en el presupuesto nacional y expandir su ideología.
Eugenio María de Hostos decía: “El artículo constitucional que todos esos males hace es el que declara religión del Estado a la católica; y claro es que no hace el mal por ser la católica la privilegiada en él, pues cualquiera otra religión produciría el mismo mal, sino porque privilegia a una creencia en perjuicio de otras, porque da al Estado obligaciones que él no debe tener ni puede aceptar, y porque afecta la vida política y económica de la sociedad dominicana”.

Ella fue la Gran Traidora, la gran ramera de la independencia, la enemiga de los trinitarios masones, la iglesia anexionista enemiga de la Independencia, de la República, de los patriotas liberales

Al igual que Duarte, Hostos fue un liberal que combatió el daño que la Iglesia católica le ocasionaba al espíritu y a la moral del pueblo dominicano al imponer sus intereses políticos y económicos extraterritoriales, los de un Estado y constitución ajena, sobre los patrios.

Pero debemos cumplir con el reciente mandato del Cardenal y “dar a conocer quién fue Duarte a las presentes y futuras generaciones”. Y para hacerlo debemos repetir y repetir lo que él y su Iglesia sabe y calla:

Que Duarte fue excomulgado y perseguido por una Iglesia Católica que se opuso con todas sus fuerzas a la independencia dominicana.

La conquista de la nacionalidad dominicana, lejos de ser una obra de la Iglesia de Roma (lo que se pretende decir con esto de la Virgen de la Altagracia y las misas a Duarte), fue una batalla continua en su contra. Lo muestra la Carta Pastoral del Arzobispo Portes donde la Iglesia manifiesta su amenaza, su persecución contra Duarte y los trinitarios, contra todo aquel que los apoyase o estuviese en contra de Santana.

Luego, al no poder manejar a Santana, al exigirle al general que les diera mando y poder directo en el Estado Dominicano, el Arzobispo Portes se enfrentó al general en el congreso, cuando llamó “Inicua” a la Constitución nuestra, afirmando que solo juraba y obedecía a la Constitución de su Iglesia Romana.

Duarte y el arzobispo Portes y su iglesia eran enemigos irreconciliables. Mientras Duarte buscaba la fundación de una república independiente, la Iglesia lucha en su contra, en contra del pensamiento liberal y anticlerical que colmaba a los trinitarios masones pues, entre los primeros nueve trinitarios ocho pertenecían a la Orden, a la naciente masonería dominicana.

Quien haya abandonando la “versión rosa” de la historia dominicana sobre la Separación de Haití y la Independencia de España, quien haya leído la carta pastoral del Arzobispo Portes de 1854 , entenderá con facilidad que la Iglesia de Roma fue para Juan Pablo Duarte la gran traidora del Movimiento Trinitario. Con sus intrigas y conspiraciones logró que perdiésemos nuestra Independencia de España y nos sumió en una guerra de restauración que la convirtió en una “iglesia ensangrentada”, como lo fue por encabezar el derrocamiento de Bosch que trajo la guerra fratricida del 1965.

Cuando Duarte dijo “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones” se refería en mayor medida a la Iglesia Católica, a la maquinadora, la gran conspiradora, la institución religiosa conservadora y monárquica que puso todo su empeño anexionista para entregarnos a la colonia.
Ella fue la Gran Traidora, la gran ramera de la independencia, la enemiga de los trinitarios masones, la iglesia anexionista enemiga de la Independencia, de la República, de los patriotas liberales.
En la medida en que nuestra historia se esclarezca, en la medida en que los hechos surjan a la luz y los intereses ideológicos desaparezcan, se dará paso a la verdad que el cardenal oculta, a esta verdad histórica que acusa a la Iglesia de Roma y la califica como enemiga de la Patria, como la gran traidora de Duarte y los trinitarios independentistas.

Fuente: http://guidoriggio.blogspot.com/2014/07/duarte-lo-que-callan-el-cardenal-y-su.html


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