domingo, 24 de agosto de 2014

La percepción sugiere que el pueblo dominicano es ignorante e indolente, o que está resignado a convivir con quienes lo golpean

Orbis Beltré
Por Orbis Beltré – Relacionista público de ATEODOM / Asociación de Ateos Dominicanos

El párrafo que sigue es parte de una conversación que tuve hoy con un amigo de la red Facebook, y a quien en mi contesta llamaré "Dominicano Exterior".

-"Hola, Orbis, quiero hablar algo contigo referente a nuestra nación. Lo he pensado mucho, he tratado de esquivarlo, olvidar e ignorar lo que siento. Orbis, tengo una pregunta: ¿Qué tanto amas nuestra nación? Llevo 31 años fuera de Quisqueya, y siento a veces que quiero reventar por la tanta corrupción que hay en nuestra nación. En en 2011 empecé un movimiento social en New York, y la gente a mi alrededor me decepcionaron".

Dominicano Exterior, esta tierra la amo como a mi familia, como a mi mismo. Aquí es el único lugar del mundo donde no soy extranjero o "nacionalizado". 

La nuestra es una sociedad con demasiada capacidad como para decepcionar al más optimista, es un asunto que tiene que ver con CONCIENCIA, una herramienta poco acariciada, y lo peor, acariciada por poca gente. 

Juan Pablo Duarte, habiendo muerto en Venezuela, tan pobre que indigna saberlo, es el mejor referente de cómo hemos sido como pueblo, una realidad que todavía persiste. 

Basta leer la Carta Pastoral del 24 de julio de 1844, que hoy aparece publicada en el libro "La Historia al Revés", del intelectual dominicano Guido Riggio Pou, para darnos cuenta de cómo la Iglesia católica "asesinó" a Duarte, y hoy sin embargo, esa misma Iglesia, sin siquiera haber pedido perdón, se exhibe como la portadora del ideario de nuestro patricio, y así lo hace creer a la gente y se repite la farsa.

Es muy común escuchar en las ciudades y campos de la República, este refrán: "Más vale un malo conocido que un bueno por conocer".

¿Hay alguna causa que pueda ser vinculada a la desidia, que respecto a amar esta tierra, nos caracteriza? 

Sí, la hay. Hemos sido un pueblo hartamente engañado por todo el que desde la fundación de la República ha tenido la oportunidad de abusarnos a través del ejercicio del poder, sin importar el poder que sea. 

Así, esto: hoy somos un pueblo incapaz de soñar, incapaz de deshacerse de esos viejos modelos de autoridad que lo torturan, porque al creer que en la política solo están los trepadores, prefiere este pueblo no arriesgarlo todo, y continuar con los mismos oportunistas y mafiosos que por más de siglo y medio lo han timado. 

De ahí que estén tan fuertemente ancladas en nuestra sociedad, asociaciones de malhechores como el Partido de la Liberación Dominicana, el Partido Revolucionario Dominicano, y el Partido Reformista Social Cristiano. 

De ahí que continúen tan vigentes como con tanta posibilidad de volver a ser jefes de la primera magistratura de la nación, delincuentes de un calibre de peligrosidad como Leonel Fernández e Hipólito Mejía. 

De ahí que mantengamos en la palestra pública, a políticos de pocilga como Amable Aristy Castro, o a políticos como esos indignos legisladores que en 2009 firmaron el contrato Barrick Gold, por medio del cual, sin ningún ruborizo, regalaban nuestro oro a una empresa extranjera.

Tal vez tú estés frustrado tras ver cómo no creyó en ti, incluso la gente de tu más íntimo entorno, cuando quisiste presentar alguna opción de hacer el poder diferente. 

Es, amigo mío, que el pueblo dominicano, equivocadamente entiende que hay peores criminales que los líderes que ha tenido, y que tales están entre aquellos ciudadanos que no comulgan con el proceder criminal de los tres partidos políticos tradicionales.

El pueblo dominicano ha sido tan meticulosa y sutilmente maltratado, que a veces causa la impresión de que es ignorante, indolente, o de que está resignado a convivir con quienes lo golpean, y que está predispuesto a desconfiar ante cualquier camino que pueda ser diferente al despeñadero por el que lo han llevado siempre.

En República Dominicana, en cada una de sus ciudades, en cada uno de sus campos, hay un museo de hombres y de mujeres vivientes, que se exhiben como cadáveres disecados. Son almas humanas que cansadas o no de luchar por quitarle de encima al pueblo, el letargo que lo condena a la miseria, no pueden esconder su tormento ante un mal que les grita "ustedes son el mal".

Es innegable cuán desilusionante es el panorama que nos presenta la sociedad dominicana en materia de conciencia ciudadana, en materia de civismo. Observar la terquedad de nuestra gente, cómo, a pesar de querer vivir, insiste en tomarse la cicuta que la envenena, y no por un asunto de honor al estilo socrático, sino por terquedad, eso es simplemente algo que desequilibra la objetividad, y que convida al más sosegado ser, a estrellar un "¡JÓDETE, PUEBLO DE MIERDA!"

Pero si hemos resuelto continuar pronunciando el gentilicio que nos ubica en un lugar específico del planeta tierra y de la Vía Láctea, un "¡JÓDETE, PUEBLO DE MIERDA!" jamás debe ser la actitud.

Hoy más que ayer, quienes deseamos un país mejor, tenemos mayores posibilidades y mejores medios de hacer posible ese deseo.

La libertad de expresión y los medios de información digital, son el arma infalible.

Debemos escribir artículos de críticas al sistema y a los líderes que sustentan el sistema; debemos escribir cuestionando el modelo económico, por ejemplo, recalcando cómo dicen los dueños de los medios de producción que crece la economía cada año, pero entonces la gente, que es el motor de dichos medios de producción, es cada vez más pobre. 

Debemos insistir escribiendo críticas a una fanfarreada democracia, que no nos garantiza servicio médico de calidad, que no nos garantiza seguridad ciudadana, que no nos garantiza un retiro digno cuando ya no podamos trabajar más, y que no nos ofrece, en sentido general, un motivo, más allá de la belleza de esta tierra, por el que podamos sentirnos dichosos de haber nacido aquí. 

Debemos impartir charlas y conferencias en nuestros campos, en las esquinas de nuestros barrios, en los parques, en las escuelas, en los liceos y los colegios; debemos impartir charlas y conferencias en las universidades... hasta lograr sacudir la sensibilidad de esa gente que no se la educó para que supiera cuándo se la oprime.

Que no claudique quien tenga que decir y/o hacer cualquier cosa contra este sistema de gobierno que azota despiadadamente la República!
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